La primera vez de Pablo Iglesias

El político amontona primeras veces de manera desorbitada, ¿ha cometido ya su primer error?
Pablo Iglesias

Piensen en su primera vez. Ya fuese planeada o improvisa, inevitablemente, todas las primeras veces van acompañadas de una gran excitación o, al menos, de un ¿saldrá bien? que altera al más templado, por no hablar de todas las trampas que pone nuestro organismo para impedir que llevemos a cabo las aventuras que nuestro cerebro idea; eso de dormir reguleras, la falta de apetito, la ingravidez estomacal…

Pablo Iglesias debe de tener el estómago a punto de cuajada. A sus treinta y seis, lleva años acumulando primeras veces de manera abusiva; su primer día como presentador, su primera vez como contertulio, su primer enfrentamiento con Inda, con Manhuerda (¡qué recuerdos!), su primer mitin político, su primera demanda a Alfonso Rojo, sus primeras elecciones europeas como candidato o su primer día en el Parlamento Europeo, por citar solo algunas de las últimas primeras veces del líder de Podemos. No le envidio la agitación.

Después de una primera vez, perdonen la perogrullada, ya no habrá nunca más una vez primera, a partir de ahí vendrán “otras veces”, su día a día, la vil rutina, un asco absoluto, de ahí que sea lógico esperar que ese primer acto sea épico, digno de epopeya, sin embargo, esa primera vez casi nunca es lo que uno desea. Por mucho que se planee hasta el más mínimo detalle, la ley de Murphy -eso de “si algo puede salir mal, saldrá mal”- se frota las manos esperando su momento. Y su momento llegará para dejar amargo recuerdo en el protagonista que se pasará la vida engrandeciendo un suceso que bien podría ser olvidado, de no ser porque es su primera vez y no hay manera de esquivar esa mierda.

¿Duele la primera vez? Sí, duele y mucho, porque sabes que estás cruzando una línea y no hay vuelta atrás y ese despertar a las expectativas, ya sean cumplidas o no, es siempre ingrato, aunque en ese momento, cegados por las dimensiones del acontecimiento, no seamos conscientes de ello.

Luego están esas otras “primeras veces”, aquellas en las que nos vemos obligados a ceder. Esas duelen más porque te ponen a prueba. Me pregunto si Pablo Iglesias ya ha tenido su primera vez en eso de flexibilizar sus principios, si ya se ha encontrado entre la espada y la pared, si ya ha tenido que cogérsela con papel de fumar, decir Diego donde decía digo o si ya ha pensado que todo vale para conseguir la victoria.

Sin duda ya ha tenido sus primeras veces en eso de las obligaciones propias del juego político, tan lleno de dar manos y sonreír a desconocidos, de cenas secretas a voces y de viajes al extranjero para dar a entender no sé qué. Quizá Pablo Iglesias ante los votantes de Alexis Tsipras fue por primera vez consciente de que puede, o quién sabe si aquella fue la primera vez que hizo una cosa absurda; viajar a Grecia para abrazar a un candidato uniendo su suerte a la suya.