Ruz-Bárcenas, el teatro y la investigación social

La producción del Teatro del Barrio y el Teatre Lliure demuestra que el teatro político comprometido no tiene porqué estar reñido con la diversión.

Y sin embargo, es muy entretenida, debería añadir en el título. O debería comenzar así esta crítica que pretende ser más bien crónica. De modo que dejemos las cosas claras. Ruz-Bárcenas es una obra de teatro muy entretenida, divertida por momentos. Y es un estupendo montaje teatral, en términos puramente técnicos.  Un texto incisivo, preciso, rítmico de Jordi Casanovas, una dirección firme y briosa de Alberto San Juan y una interpretación de nivelón por parte de Manolo Solo y sencillamente sublime en lo que se refiere a Pedro Casablanc. Por tanto, si usted ha pensado en ir a ver esta función pero le da un poquito de pereza el teatro político, ya puede ir sacando la entrada con absoluta tranquilidad. La función no es ningún ladrillo socio-político para militantes, aunque es teatro comprometido, claro está. Dicho esto, vamos al tema.

 

Luis Bárcenas prestó declaración ante el juez Pablo Ruz el 15 de julio de 2013 en la Audiencia Nacional. Era la segunda vez que lo hacía, y la primera después de haber ingresado en la prisión de Soto del Real tres semanas antes por orden del propio juez. Fue un encuentro tenso, en el que Bárcenas se desdijo de algunas de las afirmaciones que había hecho previamente con respecto a la autenticidad de sus papeles y a la presunta contabilidad en B del Partido Popular que recogía pagos al partido por parte de diversos donantes y entregas de dinero en efectivo realizadas por el propio Luis Bárcenas –a la sazón tesorero de la formación política- a varios dirigentes del PP a lo largo de los últimos años. Una declaración que levantó una expectación inusitada en nuestro país. Parecía que de lo que se dijese ese día en aquella sala de la Audiencia podría depender el futuro político de este país, o al menos de algunos de los dirigentes del partido que gobernaba España. Dos años más tarde parece que el maquillaje de cemento de algunos políticos lo resiste todo y las tragaderas de los ciudadanos también.

 

El texto de Jordi Casanovas está construido exclusivamente con extractos de la transcripción del interrogatorio. No se ha añadido nada. Algunos cortes y reestructuraciones para darle una estructura más teatral, para hacerlo más “dramático”. Y vaya si lo consigue. Es un teatro sencillo, desnudo, si apenas artificio. Dos actores, una mesa, dos sillas, dos micrófonos para recoger las declaraciones. Apenas hay movimiento de los actores. Y sin embargo, no falta acción. Porque cuando hay verdad en el escenario, la acción está en el texto. Recuerdo haber tenido esta misma sensación al ver El encuentro de Descartes con el joven Pascal en el Teatro Español con un sensacional Flotats. La acción está en el texto, pensé entonces. Y ahora lo he vuelto a pensar.

 

La función vuela alto y veloz, las réplicas entre ambos personajes son precisas, incisivas, con ritmo, y esto es mérito de la dirección de San Juan. El público lo disfruta de lo lindo, especialmente el estilo de Casablanc-Bárcenas, a medio camino entre el chulo castizo y listillo de la clase. Se desdice de una buena parte de sus afirmaciones anteriores sobre los famosos papeles publicados por la prensa con un sencillo “de eso también me desdigo”, pero se reafirma en otras, “así es”. Y lo hace con un desparpajo y una naturalidad que provoca la risa. Casi cae bien este Bárcenas, por su morro y su campechanismo, en la piel de Pedro Casablanc. Manolo Solo no se queda atrás. Construye un juez creible, sereno, incisivo, en el que no deja de asomar de vez en cuando un matiz de asombro ante la naturalidad con la que su interrogado reconoce haber realizado todo tipo de actividades ilegales –o al menos absolutamente indecentes-. Es el estupor de la calle al conocer el chiringuito que se tenían montado todos estos ilustres ciudadanos que –no lo olvidemos- siguen teniendo tratamiento VIP cada vez que acuden a un restaurante, a un hospital o a un teatro, por poner un ejemplo.  

Como rezaba la información del Teatro Lliure cuando se representó esta función en su sede de Montjuïc, sería una gran farsa si no fuera porque todo es real.

 

Al terminar la función se realizó un interesante coloquio sobre financiación de los partidos moderado por la periodista Ana Pastor en el que intervinieron la también periodista María Jiménez, el profesor de Derecho Penal Manuel Maroto y el  magistrado emérito del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín. El público tenía ganas de marcha porque prácticamente no se marchó nadie de la sala (por cierto, aforo completo).  Me consta que esta función está girando mucho por toda España y que aún le queda recorrido, de modo que si aún no ha tenido ocasión de verla, no deje de hacerlo.