Eternamente Chéjov

Carles Alfaro dirige un fantástico elenco de actores que explotan su vena cómica en una obra que reune piezas del Chéjov más divertido.
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Anton Chejov es casi un sinónimo de teatro. Y eso a pesar de que el autor ruso escribió “solo” cinco obras mayores, o largas, o completas. Su inmensa producción literaria –murió a los 44 años- está formada por más de 600 artículos, cuentos, piezas cortas, etc. Pero con el paso de los años el maestro se ha convertido en un referente mundial del arte dramático por su capacidad para bucear en el alma humana, dejando al descubierto los anhelos universales del hombre, sus miedos, sus sueños, sus pasiones y sus miserias.

Sus piezas cortas son además son una referencia de estudio y preparación para todas las escuelas de teatro. Chejov es un compañero inseparable en la vida de cualquier de actor o actriz. La petición de mano, El Oso o La Institutriz son piezas cortas que Chejov escribió en su juventud, cuando aún estaba por llegar el maestro del teatro realista psicológico de Tío Vania o La Gaviota. Sin embargo, en estas piezas cómicas o más bien tragicómicas, ya se esboza toda la capacidad del escritor para modelar los estados de ánimo de sus personajes. Son sus protagonistas tan volubles, tan frágiles, tan expuestos a las pasiones, que se convierten en una delicia para los actores.

Carlos Alfaro ha cogido las adaptaciones teatrales de textos de Chejov que publicó Enric Benavent hace unos años y ha configurado un estupendo divertimento bajo el título de Atchúusss!!! (en nuestra opinión, sin duda lo peor del montaje). Al frente o detrás de un fantástico elenco de actores, Alfaro nos presenta un espectáculos de varietés para ahondar en el alma humana. Cuenta con la enorme ayuda del talento y la complicidad de una troupe de actores en un momento dulce. Fernando Tejero y Malena Alterio se conocen a la perfección, se entiende con un simple gesto, se dan la réplica con una mirada. Y eso se nota, como se nota el profundo conocimiento de los personajes chejovianos de Enric Benavent o las ganas de soltarse la melena cómica que tiene Ernesto Alterio. Quedaba ver como iba a  encajar Adriana Ozores en este cuarteto de actores que son, además de compañeros de muchos años, buenos amigos. Y el resultado es magnífico. Adriana Ozores despliega elegancia y maldad en La Institutriz, un alegato de Chéjov contra la explotación y la injusticia que despierta más indignación que risa. La Ozores está magnífica en el papel de la señora que trata de dar una lección de dignidad vital a una aún más brillante Malena Alterio. Ernesto Alterio encarna varios personajes, como todo el elenco, y entre ellos nos ofrece un maestro de ceremonias que se va revelando como un personaje excesivo, a medio camino entre el pianista de cabaré y el bufón. Según pasa la función, Alterio se va calentando y acaba entrando en una espiral de pasiones que se desencadena como un torbellino en El Oso. La deriva cómica va in crescendo en todo el elenco, que aprovecha esta ocasión para explotar su vena cómica y alcanzar el paroxismo en Una criatura indefensa.

Hace unos años pude ver algunos de estos mismos textos chejovianos adaptados por Benavent y dirigidos por Luis Bermejo en una versión teatral más desnuda y directa, y ya entonces disfruté muchísimo con la comicidad “miserable” de Chejov. Alfaro les ha dado otro vuelo, con una escenografía e iluminación, que firma el mismo director,  más clásica y a la vez decadente que les va de maravilla.

Personalmente, podría objetar alguna canción que se marcan los actores y que no acabo de ver en el contexto de la obra. Parece que nadie es capaz de resistirse a la tentación de hacer una versión musical de casi cualquier texto. Eso sí, este detalle obliga a que los actores lleven microfonía inalámbrica y eso es algo que se agradece especialmente en espacios grandes. La función está funcionando de maravilla en el Teatro La Latina ty después emprendaerá una larga gira por toda España.